Ciudad de México. El próximo viaje de la presidenta Claudia Sheinbaum a Barcelona no solo representa una agenda internacional más, sino un punto de inflexión en la relación entre México y España tras casi una década de distanciamiento político.
Aunque no se trata de una visita de Estado, el encuentro con el presidente español Pedro Sánchez durante una cumbre de líderes progresistas simboliza un intento de recomponer los vínculos entre dos países históricamente conectados, pero recientemente marcados por tensiones diplomáticas.
Una relación marcada por el pasado
El enfriamiento entre ambas naciones se remonta al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien en 2019 envió una carta al rey Felipe VI solicitando una disculpa por los abusos cometidos durante la Conquista. La petición fue rechazada por el gobierno español, lo que detonó un periodo de fricciones políticas que se prolongó durante todo el sexenio.
Incluso, en 2022, López Obrador planteó “pausar” las relaciones con España, en medio de críticas a empresas y actores políticos del país europeo.
Del conflicto al acercamiento
A pesar del distanciamiento político, los lazos económicos nunca se rompieron. España se mantuvo como uno de los principales inversionistas en México, mientras empresas mexicanas consolidaron su presencia en territorio español.
El cambio de tono comenzó a gestarse en el ámbito cultural y diplomático. Eventos como la participación de España en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el reconocimiento al Museo Nacional de Antropología con el Premio Princesa de Asturias ayudaron a suavizar el ambiente bilateral.
Gestos que allanan el camino
Uno de los momentos clave ocurrió recientemente, cuando el rey Felipe VI reconoció públicamente los abusos cometidos durante la colonización, en lo que fue interpretado como un gesto de apertura, aunque sin llegar a la disculpa formal que México había solicitado.
Poco después, Sheinbaum respondió con una señal política al invitar al monarca al Mundial de futbol que se celebrará en México, lo que fue visto como un intento de recomposición.
Nuevo capítulo diplomático
El viaje a Barcelona marca así el primer acercamiento de alto nivel entre ambos gobiernos en años y podría abrir una nueva etapa basada en la cooperación política, económica y cultural.
Más que un acto protocolario, la visita refleja un reajuste estratégico: dejar atrás el conflicto histórico para priorizar una relación pragmática entre dos países que, pese a sus diferencias, están condenados a entenderse.